Drones: regalo para unos, problemas para otros

(Sebastian Gaviglio) Los drones se han convertido en un hobby de última moda y sus ventas se han disparado en el mundo en las pasadas navidades. Pero lo que parece un lindo regalito para unos, se convierte en un problema bastante complejo de regular para la sociedad.

La gran cantidad de drones puestos en manos de usuarios inexpertos y ansiosos por empezar a volarlos trae consigo una situación sumamente compleja, abierta a problemas de seguridad de todo tipo.

En nuestro país, además de los clásicos Phantom de DJI, se han unido muchos otros fabricantes: ahora podemos volar el Solo de 3DRobotics o incluso el Millennium Falcon, o muchos más modelos quizás no tan conocidos.

Los drones tienen una inagotable cantidad de aplicaciones potenciales, pero si los vemos como juguete no dejan de ser un artefacto de entre uno y dos kilos que puede llegar a volar a una velocidad de 90 km/h, y con una autonomía de unos 800 metros.

Por estos y muchos otros factores, los drones son un juguete con el cual sabemos que podemos causar problemas y tenemos ya abundantes pruebas, algunas más serias que otras.

Imaginemos que algún novato estrella su drone contra el vidrio de alguna propiedad o, en un caso peor, que un drone se intermpone en el recorrido de algún vehículo y provoca un accidente.  Si el "piloto" decide escaparse, ¿cómo sabemos de quién es? ¿A quién le corresponde la responsabilidad en ese caso?

En Estados Unidos ya han tomado cartas en el asunto y tras un intenso debate entre diferentes fuerzas de seguridad se creó una página de registro obligatorio para todos los drones de entre 0’5 y 25 kg, en la que los propietarios tienen que identificarse con nombre, dirección y correo electrónico, y pueden adherir la cantidad de aparatos que deseen.

Además, han generado una app tanto para iOS como para Android para ser utilizada antes de volar el drone, llamada B4UFly (Before you fly), que a través de geolocalización determina si existe alguna restricción para el uso del mismo en el sector. Si el drone no es registrado o vuela sin su número de registro, se arriesga a multas de hasta 27.500 dólares.

Por supuesto que sólo una ley no evitará los accidentes pero comienza a aclarar el panorama para quienes trabajan con ella y exige responsabilidad a quienes los puedan utilizar. En Argentina no parecemos estar muy lejos ya que estos aparatos se ven cada día con mayor frecuencia y hace un tiempo el gobierno está trabajando en un marco legal para los mismos.

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