Las industrias de enfermar gente

Siempre resulta difícil de entender por qué –ante la epidemia de obesidad- los gobiernos no accionan directamente sobre la industria de la alimentación. La valiente visión de Christian Leiva, el director médico de La Posada del Qenti sobre la industria de la alimentación y la industria farmacéutica en nota completa.

Existen dos grandes industrias, lideradas por grandes corporaciones (salvo pocas excepciones), que en formas diversas afectan nuestra salud. Por su fuerza económica y poderío mediático, estas industrias provocan gran cantidad de enfermedades y patologías, ya sea de forma directa y evidente o de forma sutil e inadvertida.

Ambas se presentan camufladas con un cuidadoso maquillaje, aparentando formas amigables y emparentadas a la salud: una es la industria alimentaria y otra, la industria farmacéutica.

Las empresas más importantes del mundo (1%), migraron a la alimentación y entre ellas controlan el 40% del consumo total del mundo.
En nuestra vida diaria, es innegable el avance de ambas, y sólo basta con mirar en nuestras alacenas y encontraremos una enorme cantidad de productos industrializados, y en nuestros botiquines, remedios que intuimos como sanos y beneficiosos por el hecho de ser de “venta libre”.

Podemos ver muchos casos en donde la industria alimentaria, movida principalmente por las grandes corporaciones, se ve nutrida de capitales de diversas índoles; pero en países como EE.UU., se valen de fondos que provienen de la industria tabacalera, la cual provocó, y aún provoca, gran cantidad de muertes en el mundo. La falta de criterios basados en la vida saludable, y en muchos casos, la falta de ética, suelen ser denominadores comunes asociados a estos capitales.

Es fácil ver en las publicidades cómo se ponen de manifiesto aspectos positivos de los productos, con producciones cinematográficas y tecnologías digitales, que captan la atención de nuestros niños y mayores; generando expectativas desmedidas, o asociando valores que nada tienen que ver con el producto ofrecido, y en algunas ocasiones hasta falseando verdad o escondiendo aspecto negativos. Como por ejemplo, avalando que los niños crecerán mejor si consumen ciertos postres o suplementos y no inculcando la alimentación saludable; o relacionado una "buena familia" al consumo de ciertas bebidas, como si existiera relación alguna, sólo por nombrar algunos casos.

Los alimentos industrializados, a diferencia de los naturales, son los que han sido procesados de diversas maneras, para elaborar productos que permanezcan en buen estado de conservación, aún después de un tiempo de ser producidos.

El "moderno estilo alimentario industrializado" genera en muchos individuos las bases de un desorden sistémico que altera negativamente nuestra función metabólica y a todo el organismo en general. El procesamiento industrial afecta sustancialmente a los alimentos, privándolos de nutrientes fundamentales y agregando sustancias indeseables, siendo la fibra alimentaria una de las víctimas principales en los procesos industriales.

En el año 1900, las causas de muerte en EE.UU. eran en orden de importancia: Tuberculosis, Neumonía, enfermedades diarreicas, cardíacas, hepáticas, cáncer, bronquitis, y difteria. 100 años más tarde, con la introducción de los alimentos industrializados con azúcares, edulcorantes, sales, conservantes, antibióticos, colorantes y toda una serie de químicos; incluso en algunos casos adictivos; sumado a la proliferación de comidas rápidas, han alterado junto a otros factores el orden de importancia de las causas de muerte. Hoy el orden es: enfermedades cardíacas, cáncer, enfermedades pulmonares, accidentes, diabetes, suicidios, afecciones renales y hepáticas. Estas enfermedades tienen, en muchos casos, un denominador común, la mala alimentación y el sedentarismo.

Lo mismo pasa con la industria farmacéutica, la cual experimenta cada vez más con nuevas drogas con el afán de "mejorar nuestro organismo". No podemos ser hipócritas, ni negar que muchos fármacos han ayudado de manera enorme a la salud y a la longevidad. Pero la falta de controles, el consumo y venta desmedidos (en muchos casos de medicamentos sin sus respectivas recetas), el acceso masivo a "medicamentos de venta libre" que provocan automedicación alarmante, y los incentivos a médicos por parte de laboratorios para recetar cada vez más remedios, son algunas de las cosas que están opacando los avances de esta industria y nos llevan al borde de la famosa frase: "Peor el remedio que la enfermedad".
Luego de 18 años habiendo recibido más de 15.000 huéspedes de todo el país y del extranjero, podemos afirmar que lo que exponemos precedentemente es lamentablemente cierto.

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