Un buen plan para tu próximo viaje a Buenos Aires: visitar la casa de D10S (cómo es la experiencia en la casa de Maradona en La Paternal)

Hay lugares que no se recorren: se viven, se sienten, se respiran. Y Lascano 2257, en el corazón de La Paternal, es uno de ellos. Ahí no vivió Maradona el mito, el barrilete cósmico, el D10S. Ahí vivió Pelusa, el hijo de Doña Tota y Don Diego, el pibe que soñaba con hacer feliz a su familia con una pelota en los pies. 

Visitar la Casa de D10S es mucho más que hacer turismo futbolero. Es tocar el alma de un chico que soñaba en voz alta desde una habitación chiquita con vista al mundo.

“Con la firma del contrato, el viejo Cónsoli me dijo que no iba a haber prima, que la prima era la casa para mis viejos. Fue la mejor idea del mundo”, dice Diego desde una de las pantallas de la casa-museo.

Un templo terrenal

La casa es modesta, cálida, casi tímida. Como si supiera que en realidad guarda un pedazo enorme de la historia del fútbol mundial. Al entrar, lo primero que ves es una estatua gigante del 10. Pero lo realmente gigante está adentro: la emoción.

Cuando subís la escalera que lleva al cuarto del Diego adolescente, entendés que esos escalones no eran comunes: eran una rampa de lanzamiento al infinito. Y cuando llegás, hay que respirar hondo: la energía del lugar es muy fuerte.

El santuario, los murales y el legado

Arriba está también el santuario, donde los fanáticos dejan camisetas, cartas, carnets y hasta lágrimas. Porque sí, se llora. Nadie sale igual. 

En la terraza te espera un mural descomunal del Diego pibe, rodeado de otros donde está con su papá haciendo un asado, con sus hermanos, con su vieja. Es una fiesta íntima de afectos, colores y fútbol. Un álbum familiar en formato gigante.

Y para cerrar, el showroom con recuerdos y souvenirs. Porque de algún modo, uno quiere llevarse un pedacito de esa casa (aunque ya se la llevó en el pecho).

¿Y cómo se llega a esta joya? La Casa de D10S está en Lascano 2257, a solo cuatro cuadras del estadio de Argentinos Juniors. Llegar desde el centro de Buenos Aires es muy simple: en taxi el viaje tarda media hora y cuesta alrededor de siete dólares. 

Las puertas están abiertas los martes, jueves y sábados de 11 a 18, y los miércoles, viernes y domingos de 13 a 18. Las entradas cuestan $ 8.000 para los argentinos y $ 15.000 para los extranjeros (lo que equivale a unos doce dólares). Eso sí, lo ideal es reservar con anticipación.

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