“Pre-pagas” que venden espejitos de colores.

La práctica de montar “pre-pagas que no cobran cuota mensual” se comercializa desde hace varias décadas y es tan simple que asusta: se visita un grupo de prestadores, se acuerdan con ellos los aranceles por cada una de las prestaciones, luego se le agrega un porcentaje (ganancia), se hacen los folletos, se toman vendedores y se sale a comercializar. El beneficiario paga de contado por todo lo que consume en las oficinas de la empresa o, en algunos casos, en el prestador. O sea que lo único que adquirió es un nomenclador de precios a abonar de contado en un listado determinado de prestadores.
Todo bien, mientras no tengamos una cirugía de algún tipo en donde el flujo de fondos del beneficiario se acaba y termina concurriendo a un hospital público.
Generalmente los que se asocian a estos planes son los que no tienen coberturas de seguridad social o de prepagas y creen en la venta de espejitos.
En un mercado chico, como Córdoba, una empresa que llegue a tener 20.000 beneficiarios con 6 meses de antigüedad, haría un ruido impresionante, sin necesidad de promocionarse con artículos periodísticos. (Por Carlos E. Vidal Suárez).

El equipo de Grupo Educativo Santo Domingo

Hace más de 40 años, la Academia homónima ingresaba al mercado cordobés con una propuesta orientada a formación en oficios técnicos — desde entonces han capacitado a más de 100.000 alumnos. En la actualidad, el grupo cuenta con otras dos unidades de negocio: el Centro Educativo Santo Domingo (educación inicial, primaria y secundaria) y el Instituto Superior Santo Domingo (carreras de nivel superior con foco en tecnología y habilidades duraderas).

EnjoySTIDinner: la plataforma cordobesa que busca convertirse en el "sistema operativo" de los restaurantes

Anotar la comanda en un papel, mandar el pedido a la cocina, tipear el monto en la caja para cobrar y después abrir otro programa para sacar la factura electrónica. Para Marcos Chikilian, programador y fundador de la firma cordobesa Enjoy STI, el sector gastronómico comete el mismo error desde hace veinte años: emparchar la operación de un negocio con cinco programas distintos que no se hablan entre sí.