El primer acuerdo universal de la historia de las negociaciones climáticas se concretó el 12 de diciembre pasado, más de 20 años después de la primera cumbre del cambio climático en Río de Janeiro, en 1992.
Fracasados los intentos por fijar metas obligatorias individuales a cada país establecidas en el Protocolo de Kioto (esa política sólo logró cubrir el 11% de las emisiones mundiales) en esta oportunidad se puso una meta obligatoria: que el aumento de la temperatura media en el Planeta se quede a final de siglo “muy por debajo” de los dos grados respecto a los niveles preindustriales e incluso intentar dejarlo en 1,5.
Después cada país voluntariamente establece su aporte para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero nacionales. En total, se comprometieron 187 de los 195 países reunidos en París.
Los países desarrollados deberán enviar dinero a un fondo de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020. A partir de 2025, se revisará al alza. A este fondo también podrán aportar los emergentes, aunque en su caso es una posibilidad “voluntaria”.
El cuestionamiento de los países en desarrollo
La principal crítica al acuerdo es que el mismo supone impedir en el futuro el reclamo de indemnizaciones por los daños causados por el calentamiento.
Cabe recordar que son las regiones en desarrollo las que se verán más afectadas por el calentamiento global, aunque sus emisiones de gases de efecto invernadero no representan ni 1/5 del total.
América Latina, por ejemplo, es responsable del 12,5% de estas emisiones, pero el calentamiento global seguirá cambiando los patrones ambientales y esto provocará más lluvias e inundaciones en algunos países y más sequías en otros; erosión marina y aumento del nivel del mar (algunos países del Caribe incluso podrían desaparecer); o reducción de la producción agroindustrial.
En ese sentido, Ligia Castro, directora de Ambiente y Cambio Climático en CAF (Corporación Andina de Fomento), enumera los 5 avances que se desarrollan en América Latina para paliar y adaptarse a los peores efectos del calentamiento global:
- Acceso a financiamiento climático. Para migrar a economías bajas en carbono y resilentes al cambio climático, es imprescindible financiar una transición a sistemas productivos menos contaminantes y apostar por el crecimiento verde.
- Elaboración de planes climáticos nacionales. La mayoría de países latinoamericanos están incorporado transversalmente el tema ambiental en sus políticas públicas, desde las referentes al transporte y la movilidad urbana, las energías renovables y la eficiencia energética, la gestión del agua o el impulso de ciudades sostenibles.
- Desarrollo de energías renovables. A nivel mundial, las energías renovables representan el 13% del consumo total y el 20% de la generación de energía eléctrica. En América estas cifras casi se triplican, ya que suponen el 66% de la generación y el 30% del consumo de energía total. En materia de renovables, Argentina ha avanzado muy poco en la última década en comparación con sus vecinos. (Ver más acá)
- Elaboración del Índice de vulnerabilidad al Cambio Climático. En Lima, La Paz, Santa Cruz de la Sierra, Tarija, Quito, Guayaquil, Loja, Fortaleza, Recife o Cali, se creó este índice para evaluar el riesgo de exposición al cambio climático y a fenómenos extremos, que sirve para medir la capacidad de los países para adaptarse a los impactos potenciales del cambio climático. Los datos son esenciales para paliar y monitorear los efectos del calentamiento global.
- Mitigación y adaptación. Entre las medidas más exitosas contra el cambio climático en la región están las siguientes: mejora las infraestructuras para que puedan superar desastres ambientales más intensos; desarrollo de una mayor variedad de cultivos y sistemas productivos que resistan sequías, inundaciones y altas temperaturas; monitoreo de los cambios climáticos; fortalecimiento de la conservación y restauración de bosques (Latinoamérica ha logrado hacerlo más que cualquier otra región) y freno de la deforestación; conservación de la biodiversidad.
Fuente: diario El País y The Huffington Post.
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