Aquí están, estos son: los 5 productos “anticoronavirus” más ridículos (desde zapatos a un exo traje para fiestas)

(Por Gabriel Caceres) Porque si hay algo que pondera en esta pandemia moderna es la desinformación que llevó desesperadamente la creación de diversas soluciones que, supuestamente, hacen frente al virus y la “nueva normalidad” pese a que algunas rocen lo absurdo. Pasen y vean.
 

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1- Micrashell, el traje para fiestas
 


Parece haber sido sacado del set de una película de Tron o de 2001: Odisea en el espacio, pero no, este peculiar traje nació de la mano de ProductionClub, como respuesta a la pregunta de cómo volver a la vida nocturna sin pescarse el virus. Distópico, futurista y con un estilo sci-fi, este traje anticoronavirus no solo llama la atención por la pinta, sino también por la tecnología que usa para cumplir su principal función.

En primer lugar, integra un sistema de filtrado de aire basado en las regulaciones de las mascarillas N95, con un casco de tela táctica y hermético, para que nada entre (o salga) por algún lado que no sean los conductos de filtración.
 


Por el lado de la fiesta, este traje incorpora un sistema inalámbrico para dialogar basado en la proximidad con la otra persona, un control de volumen gracias a los micrófonos que trae, una cámara para grabar la noche y unos leds alrededor del traje para darle el toque flúor y destacado estés donde estés, entre las principales características.

2- El “barbijo mecánico”
 


Nadie duda de que el barbijo es un método eficaz para evitar posibles contagios en un mundo sin vacunas, pero también sabemos lo incómodo que puede ser a la hora de tomar o comer algo en una salida. Pero a alguien se le tenía que ocurrir una solución, y así fue.

Desde las costas del Mediterráneo, a unos inventores israelíes se les ocurrió -ni más ni menos- combinar la tela de un barbijo con un mecanismo manual de apertura y cierre mediante un largo cable y una pinzas retráctiles que, apretadas por la mano, permiten abrir la hendidura en el barbijo permitiendo beber y comer, sin necesidad de sacarse el barbijo en ningún momento.

Pero aún hay más, este producto (aunque usted no lo crea) ya tiene su patente y planea venderse entre los U$S 0,85 y 2,00, con una versión automática.

3- Cápsulas individuales en restaurantes
 


No, no sabemos si se basaron en el Cono del Silencio del Superagente 86, pero como en la serie, este invento roza lo cómico al llevar el distanciamiento social a un extremo total, aislando no las mesas adyacentes, sino a las mismas personas de una. 

El diseño, creado por el francés Christophe Gernigon, hasta ahora solo es eso, un simple boceto pero que ya ha tenido interesados para llevar a la vida real esta propuesta de la que, incluso su diseñador ha dicho que Plex Eat (su nombre original), fue creado “para que nunca viera la luz del día”. Y tiene razón.

4- Be a Batman
 


Si aún no nos sacamos de la cabeza el traje futurista, esto menos. Diseñado por el arquitecto Sun Dayong, este accesorio bastante aparatoso viene a eliminar el coronavirus basándose en los murciélagos (de ahí el nombre). ¿Cómo? Mediante la membrana corporal de fibra de carbono que, con una película de PVC y unos cables incrustados que calientan la superficie, posibilitará matar el patógeno en pocos minutos, algo similar al organismo del murciélago, que ante la actividad la temperatura de su organismo sube, pudiendo sobrevivir incluso con el virus.
 


Como muchos de los productos, aún está en fase de prototipo, pero su creador ya está en la búsqueda de algún inversor que apueste a este raro y particular proyecto. Mamita querida, diría Ruggeri.

5- El calzado tamaño Zapatófono
 


Por último, tenemos el más simple, estrafalario, pero simpático producto de todos. No requiere Wi Fi, ni baterías, no tiene un diseño sacado de Blade Runner ni es un prototipo. Son zapatos, pero con una punta rellenada que puede llegar hasta -lea bien- el talle 75.

¿Descabellado? Posiblemente, pero su creador, el rumano Grigori Lup, quiso reinventar su negocio de zapatos aggiornandose a la pandemia para no perder encargos. Así fue como creó los zapatos de distanciamiento social, diseñados para advertir y mantener distancia de una manera muy llamativa; un “invento” que nació como una broma y que ya recibió encargo de varios países europeos como Inglaterra e incluso Canadá.
 

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