El retiro de dólares de los bancos como banderazo silencioso (¿qué pasaría si no estuviera el sistema de turnos?)

(Por Íñigo Biain) El mismo presidente Fernández lo explicó sobradamente y con exactitud: el cepo al dólar es como poner una piedra en una puerta giratoria. No salen los dólares, pero tampoco entran. Se traba todo. Mientras se profundiza el cepo y se inhibe de la compra del dólar ahorro a 3 millones de empleados que recibieron -por pedidos de sus empresas- ATP, sigue una fuga silenciosa que -a la vez- es un resguardo y una protesta.
 

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Es una verdad de perogrullo: si todos los ahorristas concurren en tropel a cualquier banco del mundo a retirar sus depósitos, el banco quiebra. O debe pedir respaldo para recuperar la confianza.

Por eso las "corridas" son tan dañinas: alguien piensa que en breve no podrá sacar su dinero y lo saca ahora. Luego otro y otro y el que llega al último se queda golpeando con una piedra la cortina metálica del banco. Eso pasó en 2002, cuando pesos y dólares eran equivalentes y eso no va a pasar hoy con los pesos, porque el que depositó pesos, obtendrá pesos, sin dudas.
 


¿Y el que depositó dólares? Según todos los indicadores, el sistema está también muy sólido y líquido en dólares y -aunque al gobierno le falten divisas- tiene muchas herramientas para recurrir antes que tocar los encanjes en el BCRA. Según quién presente los números y cómo, hay US$ 88 dólares cash por cada US$ 100 depositados. ¿Un montón, verdad? Sí, pero nadie quisiera tener sus ahorros en ese 12% si la situación empeora, ¿no?

El sistema de turnos para atención que instrumentaron los bancos por la cuarentena hace de amortiguador de la "corrida" sobre los depósitos en dólares: no la detiene, pero la ralentiza. Achata la curva, diría un profesor.
 


Achatar la curva es bueno, pero lo realmente importante es cambiar la tendencia en la curva: que deje de crecer la salida de dólares de los bancos y empiece a crecer el ingreso. Es decir que -entre retiros y depósitos- el saldo sea positivo.
 


Claro, tampoco hay incentivos a dejar los dólares en los bancos: la remuneración de ese depósito es nula (muy baja en algunos casos y negativo en otros, si se computan los gastos bancarios) y lo único que inclina la balanza en favor de quienes dejan sus dólares en caja de ahorro o plazo fijo (los menos) es un tema de seguridad. En el banco están más seguros que en casa, dirá alguno. Quizás un profesor de estadística pueda demostrar lo contrario: hay más chances que el Estado intervenga en ese activo de alguna manera a que un ladrón los encuentre en tu casa. La caja de seguridad (¿bancaria o no bancaria?, esa es la cuestión) es otra alternativa.

Pagar hoy $ 150 por US$ 1 es un despropósito en términos estadísticos: canjear toda la base monetaria en pesos (incluyendo Leliqs) supondría un valor de equilibrio de $ 137, según el Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano.

Para Melconian, un blue a $ 150 hoy es como aquel dólar de $ 4 que tuvo en un momento Néstor Kirchner, cuando Miguel Angel Broda vaticinaba que se iría a $ 10 y finalmente quedó un par de semestre en $ 3,40. Fue una extraña ventana de la historia argentina donde el que apostó al dólar, perdió.

La que empieza hoy lunes 5 de octubre es una semana clave para ver la dinámica: si el gobierno tiene una semana de paz, podría aspirar a otra y luego a otra en un camino paso a paso para recuperar la confianza. Si -en cambio- se vive otra "semana caliente", antes de fin de octubre debería venir un salto del tipo de cambio oficial. 
 

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