Por qué la producción de cannabis debería estar en agenda (la mirada de Pablo Fazio y los números que lo “respaldan”)

(Por Sofía Ulla) La Ley 27.350 sobre investigación médica y científica de uso medicinal de la planta de cannabis y sus derivados fue sancionada en 2017; en marzo de 2020 fue modificada y ahora, desde la Cámara Argentina del Cannabis pretenden una re-reglamentación. ¿Los puntos a favor de la producción de cannabis medicinal? Pablo Fazio sostiene que, además de los beneficios médicos que se comprobaron, Argentina podría meterse en la agenda de desarrollo productivo y económico del país y generar puestos de trabajo, entre otras cosas. Veamos.
 

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“Empezamos a mirar un poco lo que pasa en el mundo con la industria del cannabis: Canadá, algunos estados de Estados Unidos, Inglaterra…”, comienza diciendo Pablo Fazio, presidente de la Cámara Argentina del Cannabis (y dueño de la cervecería Otro Mundo).

Fazio sostiene que, si bien en 2017 les abrieron las puertas para reuniones con la Subsecretaría de Salud (en el gobierno de Mauricio Macri), la ley sancionada ese año sobre cannabis medicinal estaba muy orientada “a lo público”.
 


Con el cambio de gobierno, en enero de 2020 y en diálogo con el Ministerio de Seguridad, consiguieron una nueva reglamentación: poder realizar investigación científica y que ciertos grupos tuvieran acceso al autocultivo.

“Pero sigue faltando una parte…” sostiene Fazio, y resalta la necesidad de la Cámara de colocar al cannabis en la agenda de desarrollo productivo del país, ya que -en otros países del mundo- ya se encuentra presente en varias industrias: alimenticia, veterinaria, cosmética, de construcción, textil, entre otras.

Un paso alentador hacia la re-reglamentación
Una buena señal fue la mención por parte del ministro de Producción, Matías Kulfas, del cannabis como uno de los 5 ejes en los que se centrará la “pospandemia”.

Entre los objetivos que tiene la Cámara Argentina del Cannabis está el rol del gobierno: “El Estado tiene mucho de qué ocuparse, lo que queremos es que funcione como un articulador entre los productores y los privados, para que desarrollen y aporten los suyo al negocio”, cuenta Pablo.

En relación a esto, agrega: “Argentina no puede dejar de lado esta agenda; el país necesita inversión directa. Es un país agroindustrial que tiene todas las condiciones para convertirse en un actor global de importancia por geografía, clima, capacidad instalada, mercado interno y recursos humanos”.
 


En cuanto a números y según informes del broker XTB y publicaciones de consultoras como Euromonitor o Prohibition Partners “el mercado global es de más de US$ 340.000 millones y cuenta con unos 263 millones de consumidores; más de 200 empresas relacionadas a esta actividad cotizan en las Bolsas de Canadá y Nueva York, con un total de US$ 80.000 millones en capitalización bursátil”.

Un dato: en lo que respecta a Estados Unidos, el total del mercado de productos infusionados (edibles) es de US$ 17.000 millones anuales, creciendo a un ritmo del 25%.

Otro punto “a favor” de la producción de cannabis medicinal, sería la oferta laboral. Según informes y según lo que cuenta Fazio, cada hectárea cultivada generaría 17 puestos de trabajo: “No es una cifra menor, hay un gran horizonte de posibilidades para el país”, apunta.

Finaliza sosteniendo que: “No debemos demorar nuestro ingreso a este mercado y la oportunidad de hacerlo es ahora. El paso siguiente es la nueva reglamentación de la ley de cannabis medicinal: ampliando patologías; permitiendo el autocultivo para los sujetos que lo requieran; estableciendo cultivos solidarios y en red; y ordenando el debate, es decir, tratándolo sin prejuicios”.
 

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