El presidente Javier Milei eligió la noche de mayor convocatoria del 60° Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María para realizar una aparición pública cuidadosamente disruptiva, alineada con su estilo político y su narrativa de cercanía con “la gente común”, lejos del formato tradicional de los actos oficiales.
Sin traje especial, sin ceremonia protocolar y sin controles visibles sobre el público, Milei decidió una entrada directa al corazón del evento: ingresó por el campo de jineteada mientras sonaba el primer tema de Oscar “El Chaqueño” Palavecino, ante una multitud estimada en más de 30 mil personas.
El Presidente caminó entre el público, saludó con gestos amplios, repartió abrazos y besos, aceptó selfies y recibió obsequios improvisados. La escena, registrada por miles de teléfonos celulares, se viralizó de inmediato en redes sociales y fue replicada por medios nacionales y provinciales, amplificando el impacto político del gesto.

A los 25 minutos de iniciado el show, Palavecino mencionó su presencia y Milei tomó el micrófono. Agradeció a Córdoba por el acompañamiento, reivindicó las tradiciones populares como expresión de identidad nacional y dejó un mensaje político implícito: su gobierno busca anclarse en el interior productivo y cultural del país, más allá de las estructuras formales del poder.
El Presidente se animó a pedirle que cante “Amor Salvaje”, dedicada a Córdoba, que tanto lo apoyó en su campaña presidencial y en las legislativas de octubre. A eso, el Chaqueño respondió desafiante invitándolo a subir al escenario, oportunidad que no fue desaprovechada por Milei.
Fue así como ese particular momento, de dos ídolos —uno artístico y el otro político—, se convirtió en otro video viral que dio la vuelta al mundo, horas antes del paso de Milei por Paraguay por una cumbre del Mercosur y del viaje a Davos, donde participa del Foro Económico Mundial.
El palco sin autoridades del Gobierno provincial y con figuras claves para lo que viene
Desde el palco oficial, el Presidente estuvo acompañado por los diputados nacionales Martín Menem, Gabriel Bornoroni y Luis Picat (radical, ex intendente de Jesús María y miembro del bloque mileista), por el intendente de Jesús María, Federico Zárate (radical), y por el presidente de la Comisión Organizadora del Festival, Dr. Juan Ignacio López, estos últimos como anfitriones. La imagen del palco funcionó como una postal política de alineamiento territorial, combinando representación nacional, provincial y local en uno de los escenarios más emblemáticos del país.

Las cinco claves políticas que suman
1. Territorio y simbolismo federal
Jesús María no es solo un festival: es un símbolo del interior productivo y de las tradiciones populares. La presencia presidencial refuerza una narrativa federal sin necesidad de anuncios económicos. Es el símbolo de la unión de muchas voluntades que hacen la fuerza para ayudar a 24 escuelas de la región, donde estudian más de 25 mil alumnos.
2. Ruptura del ritual político clásico
La ausencia de protocolo reemplazó al acto tradicional por una experiencia emocional directa, consolidando un liderazgo que se presenta como antipolítico desde la forma, pero profundamente político en el fondo.
3. Construcción de poder en escenario no partidario
Milei eligió un espacio cultural y no un acto militante. Esa decisión amplía la base simbólica del mensaje y reduce la lógica de confrontación partidaria.
4. Foto de poder y alineamientos
La presencia de legisladores nacionales y autoridades locales en el palco envió una señal clara de articulación política y respaldo institucional al evento, pero también de alejamiento de las autoridades ejecutivas provinciales.
5. Exposición mediática de alto rendimiento
En términos de comunicación política, la visita generó segundos de altísimo valor en televisión, portales y redes sociales, sin inversión en pauta ni estructura partidaria.
La ganancia política intangible
La principal ganancia de la visita presidencial fue intangiblemente estratégica. Para el Festival de Jesús María, la presencia de Milei lo consolidó como escenario de relevancia institucional, elevando su visibilidad y su valor simbólico a nivel nacional.
Para el Presidente, la aparición se tradujo en capital político puro: imágenes de cercanía, contacto directo con la multitud y una asociación positiva con valores como tradición, identidad y federalismo. Cada video compartido, cada selfie viral y cada transmisión en vivo funcionaron como unidades de comunicación política espontánea.
En tiempos donde la política se mide en impacto, atención y circulación de sentido, Jesús María se convirtió en una plataforma de alto rendimiento. No hubo anuncios ni cheques, pero sí una clara rentabilidad en posicionamiento, legitimidad territorial y construcción de liderazgo.
Tu opinión enriquece este artículo: