El Suoem, auditor de la gestión

(Por Felipe Osman - Diario Alfil) Un puñado de empleados municipales que aún conserva acceso al sistema informático se avoca, por estos días, a inspeccionar a la gestión, en busca de información útil para negociar con el Ejecutivo o presionarlo. La pasividad en la depuración de los mandos medios e interinatos, un punto débil del PJ.

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Sumido en una “cruzada” contra el inexorable ajuste de los costos salariales que la gestión liderada por Martín Llaryora lleva adelante, el Suoem se revuelve y busca un golpe de efecto que le devuelva la iniciativa.

El quite de colaboración no logró hacer mella en la determinación del Ejecutivo de avanzar sobre el sindicato y las movilizaciones exitosamente ensayadas por el gremio -amenazando la cuarentena- tampoco obraron el efecto esperado.

Sin esas armas -que, a decir verdad, nunca fueron las principales para el Suoem-, el sindicato espera ansioso el regreso de sus representados a sus lugares de trabajo para apelar a la estrategia que mejores resultados le ha dado a lo largo de décadas: entorpecer a la gestión desde adentro, boicotear las iniciativas de gobierno, “extraviar” expedientes, realizar interminables asambleas los horarios más inconvenientes y un largo etcétera hasta que sus demandas sean atendidas.

De momento, esta variante le está vedada. El Ejecutivo decretó esta semana la prórroga del receso administrativo que mantiene a buena parte de los municipales en sus casas, lejos del Palacio 6 de Julio y las reparticiones que habitualmente eligen como escenario para sus batallas.

Ante este cuadro de situación, los municipales pelean con lo que tienen mientras presionan para regresar. Un puñado de ellos, que conservan acceso al sistema informático del Palacio 6 de Julio, dedican largas horas a auditar, expediente por expediente, cada una de las medidas adoptadas por el Ejecutivo y las secretarías, direcciones y subdirecciones que lo asisten.

La intención es clara: encontrar cualquier información que pueda ser utilizada en contra de la gestión como un elemento de presión/extorsión. ¿Lo encontrarán? ¿O terminarán encontrando indicios adversos la propia conducción? Esa era la hipótesis que primaba entre los grupos del Suoem durante la semana pasada; que en la “redada” digital habrían aparecido vestigios de la luna de miel que buena parte de la conducción del Suoem mantuvo con el peronismo, antes de que todo volara por los aires con la sanción de la ordenanza que redujo jornadas -y, proporcionalmente, salarios- a los municipales.

Ahora bien, más allá de los resultados que el gremio termine cosechando en sus investigaciones, sorprende la pasividad de la gestión, que tras seis meses no ha tomado el control de todos los mandos medios de cada secretaría ni ha firmado la caducidad de los interinatos, facilitando al Suoem herramientas que no dudará de emplear en el conflicto.

Al día de hoy, muchos de esos cargos siguen siendo ocupados por empleados que responden mucho más al sindicato que a sus superiores jerárquicos o por agentes que fueron designados como interinos por la anterior gestión.

El dato impacienta a muchos partícipes de la actual administración que no logran explicarse la razón de ser del artículo 12 que el oficialismo incluyó en la ordenanza 13.033, que redujo la jornada de los empleados municipales. El mencionado artículo, que pasó desapercibido entonces, tiene una importancia capital. Y más aún en el actual contexto de graves tensiones entre el Ejecutivo y el Suoem.

En su texto, amplía las facultades conferidas por la ordenanza de Emergencia al intendente, permitiéndole “…realizar la reestructuración del personal de planta permanente y no permanente, (…) racionalizar las estructuras, (…y) limitar los interinatos vigentes”. ¿Para qué dotó entonces el Concejo Deliberante al intendente de una facultad que este no tenía pensado ejercer? La duda se agrava si se tiene en cuenta que fue el propio Ejecutivo el autor del proyecto.

Mientras la gestión parece atascada en esa materia, el sindicato tiene sus propios problemas. Las medidas del Ejecutivo para encausar el gasto se suman y el gremio no consigue ganar terreno en la lucha. A falta de efectividad en la administración del conflicto, empieza a mirar hacia adentro en busca de chivos expiatorios, de “carneros”, de empleados municipales que -por cansancio o por compresión de la enorme adversidad que atraviesa la sociedad en su conjunto- no quieren continuar la protesta y prefieren cooperar con la gestión, volver al trabajo para sumar y no para restar.

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