Jenga peronista

(Por Javier Boher - Diario Alfil) El proceso que se inició tras las elecciones recuerda al jenga, ese divertimento en el que el triunfo llega con la capacidad de acomodar las piezas para mantener el equilibrio.

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Este medio debe su nombre al juego-ciencia del ajedrez, que estructura además espacios de edición. No es fácil destacarse en ese deporte de ilustrados: hace falta prepararse con mucho estudio para anticipar jugadas, así como también es necesario desarrollarse psicológicamente para el stress de cada partida.

Todo lo contrario es lo que pasa con el jenga, un juego de poca demanda intelectual, pero en donde hay algunas cualidades esenciales para cosechar el triunfo: no puede ganar aquel que no sabe observar, el que se muestra imprudente o el que no privilegia el equilibrio.


Popularizado por Gerardo Sofovich (cuya mayor virtud era hacer éxitos en la tele con cualquier cosa que le pidieran), el jenga es un juego de 54 piezas de madera que tienen “casi” la misma forma y que encajan “casi” a la perfección. Son justamente esas pequeñas diferencias las que permiten ir retirando y apilando las piezas para construir una torre cada vez más alta.

Después de la elección del domingo, lo que parecía que iba a ser un resultado abultado se comprimió entre siete y ocho puntos. Mientras Alberto Fernández sumó alrededor de 200.000 votos, Macri multiplicó esa cifra por diez, achicando los márgenes que se esperaban, lo que finalmente repercutió en la distribución del poder.

Nuestro sistema político es mucho más complejo que un jenga, pero la construcción del poder se le asemeja bastante. Quien quiera hacer crecer en altura su edificio político debe saber observar con prudencia antes de hacer cualquier movimiento que pueda comprometer los equilibrios que lo mantienen en pie.

La victoria albertista abre todo un nuevo panorama para los próximos cuatro años. Avalado por los gobernadores, sabe que debe premiarlos para contener a los legisladores de su bloque, que sorprendentemente serían una minoría en la Cámara de Diputados y no llegarían al quórum en la de Senadores.

Además, dentro de los nuevos integrantes de ambos cuerpos colegiados va a tener que tratar de hacer equilibrio entre las diversas fuerzas internas que aceptaron unirse para derrotar a Macri en las urnas. ¿Los nuevos diputados de La Cámpora responderán a Alberto, a Máximo, a Cristina o a Kicillof?

Esa lista de nombres presenta parte de la diversidad entre la que se tendrá que mover el futuro presidente, tocando las fichas justas para evitar que se caiga su edificio. Axel Kicillof será el próximo gobernador de Buenos Aires, territorio en el que la organización juvenil del primogénito de Cristina podrá desarrollar sus experimentos de estado hipertrofiado e intervencionismo económico (aunque limitado).

Los discursos que Cristina y Axel pronunciaron el domingo a la noche dejan en claro que ellos se sienten legítimos dueños del resultado de las urnas, en una versión que recuerda al Julio Cobos que se defendía de su voto “no positivo”: como vicepresidente, sostenía que a él lo había votado exactamente la misma cantidad de gente que a su compañera de fórmula, algo que solamente era cierto en los papeles.

Alberto es un reconocido cazatalentos para detectar las piezas flojas de las otras torres, que eventualmente podrían servirle para apuntalar la que empezará a construir después del 10 de diciembre. Ahí se verá su habilidad para retocar ese edificio peronista en el que todas las piezas han encajado para alcanzar el 48% de los votos, aunque pueda empezar a tambalear y amenace con irse al suelo.

Juntos por el Cambio lograría hacer crecer su bancada en diputados en alrededor de nueve miembros más, todo un récord para un gobierno que se va después de una inflación anual de más del 50% y dos años seguidos de recesión.

Seguramente en ese ampliado bloque cambiemista el futuro presidente encuentre a algunos dispuestos a pegar el garrochazo, especialmente en Córdoba, donde la lista macrista obtuvo la insólita cantidad de seis diputados. Si decidiéramos apostar sobre cuál va a ser el primero de los cordobeses en abandonar el barco amarillo, no tendría gracia porque todos jugaríamos el mismo nombre y la banca no pagaría nada.

El complejo equilibrio de piezas que a simple vista son iguales se complejiza cuando a la pluralidad de gobernadores y legisladores se le suman un movimiento sindical que aspira a la unificación, un movimiento de trabajadores en negro u organizaciones no gubernamentales con reclamos específicos, como el feminismo pro aborto. Todo parece lo mismo, pero cada diferencia cuenta si se quiere mover un ladrillito y que no se caiga el edificio.


La gran ventaja del jenga sobre el ajedrez es que no vale cuánto se han estudiado la historia del juego ni las partidas anteriores. Cada vez que se arma una nueva pila es un juego diferente, en el que cada pieza se sacará, moverá, acomodará o depositará en un lugar distinto, pero siempre privilegiando el equilibrio para alcanzar el mismo objetivo, que la torre de bloques se mantenga en pie.

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