Desde el sector financiero dicen que el ciclo de los ladrillos como negocio se termina

Lucas Croce: "Si bien es atinada la observación de Martín Dahan sobre la coyuntura cambiaria y su impacto en el sector inmobiliario, creo que en términos de mercado aparece bastante claro que el ciclo de hacer grandes negocios con propiedades (salvo oportunidades puntuales) está llegando a su fin. Cuesta creer que a los precios actuales del metro cuadrado un inversor pueda obtener alguna ganancia de capital interesante en el mediano plazo; en cuanto a la renta anual generada por los alquileres, la misma es módica, y de profundizarse la devaluación del peso (un escenario más que probable y deseable hasta cierto punto), el precio de los inmuebles en algún momento debería acusar el impacto, como ha sucedido siempre en esos casos. Sin un mercado real de créditos hipotecarios, con la economía creciendo sólo (y en el mejor de los casos) un 3% en 2012, ojalá el sector pueda seguir creciendo a base de venta con financiación propia y de aquellos que, desconfiando de toda otra alternativa de inversión, apuestan a la `caja de seguridad de ladrillos´".

¿Se acaba la década de oro de las inversiones inmobiliarias?  Debate aquí.

Andreani ya mueve 520.000 paquetes por día desde su hub automatizado de Pacheco (abre el juego a pymes y emprendedores)

(Por Julieta Romanazzi) El centro de distribución que la empresa inauguró en General Pacheco a mediados de 2025 empieza a mostrar su potencial. Con tecnología única en América, capacidad para escalar y un servicio de fulfilment que ya suma 15 clientes, el hub se convirtió en la apuesta más grande de la compañía para sostener el crecimiento del e-commerce argentino.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.